Psicóloga Julieta Sarli (Mat. 8119)
Durante el mes de septiembre seguimos desde la Comisión de Educación con propuestas de actividades relacionadas con esta “nueva normalidad”. Esta vez la invitación fue a un ciclo de 3 encuentros virtuales breves bajo el título “Unir saberes para la docencia”. En un primer encuentro, nuestra expositora invitada fue la Psicóloga Julieta Sarli, quien nos habló sobre las consecuencias emocionales en un escenario de epidemia, cómo afrontamos ésto en la escuela y cómo proteger la salud mental del docente. En esta oportunidad, queremos compartirles entonces, este artículo por ella elaborado.
El miedo, la preocupación y el estrés son respuestas normales en momentos en los que nos enfrentamos a la incertidumbre, o a lo desconocido o a situaciones de cambios o crisis. Así que es normal y comprensible que la gente experimente estos sentimientos en el contexto de la pandemia COVID-19.
Al temor de contraer el virus en una pandemia como la de COVID-19, se suma el impacto de los importantes cambios en nuestra vida cotidiana provocados por los esfuerzos para contener y frenar la propagación del virus. Ante las nuevas y desafiantes realidades de distanciamiento físico, el trabajo desde el hogar, el desempleo temporal, la educación de los niños en el hogar y la falta de contacto físico con los seres queridos y amigos, es importante que cuidemos tanto nuestra salud física como mental.
La pandemia de COVID-19 es una amenaza de gran proporción tanto para la salud física como para la salud mental y el bienestar de sociedades enteras que se han visto gravemente afectadas por esta crisis, siendo ésta una prioridad que debe abordarse con urgencia. La adversidad asociada con las consecuencias socioeconómicas, el miedo al virus y su propagación, así como las preocupaciones asociadas, tienen un impacto indudable en la salud mental de la población.
La crisis que ha generado el coronavirus nos ha afectado como sociedad en los más diversos ámbitos, lo que ha dejado huella en la vida personal de todos los ciudadanos del planeta. Esta crisis nos ha obligado a modificar nuestros hábitos y rutinas; cuestionar nuestras prioridades y replantear muchos aspectos de nuestras vidas. En este proceso, no todos cuentan con las herramientas para sostener el cambio en condiciones emocionales adecuadas, es por eso que hoy buscamos algunos consejos para hacer más llevadera la carga y pueden ser importantes en este contexto.
En cualquier epidemia, es común que las personas se sientan estresadas y preocupadas. Las respuestas comunes de las personas afectadas (tanto en forma directa como indirecta) pueden incluir:
– Miedo a enfermar y morir.
– Evitar acercarse a centros de salud por miedo a infectarse mientras reciben atención.
– Miedo a perder el sustento, no poder trabajar debido al aislamiento y a ser despedidas de su trabajo.
– Miedo a quedar socialmente excluidas/enviadas a cuarentena por estar asociadas con la enfermedad (por ej., racismo contra las personas que provienen de las áreas afectadas o que se percibe que provienen de tales áreas).
– Sentirse impotente al querer proteger a los seres queridos y miedo a perder a sus seres queridos debido al virus.
– Miedo a estar separadas de los seres queridos y cuidadores debido al régimen de cuarentena.
– Negarse a cuidar a menores no acompañados o separados, personas con discapacidades o personas mayores debido al miedo a infectarse, porque los padres o cuidadores han sido enviados a cuarentena.
– Sensación de desamparo, aburrimiento, soledad y depresión debido al aislamiento.
– Miedo a revivir la experiencia de una epidemia anterior.
¿Qué se encierra detrás de este nuevo escenario en el mundo educativo?
La pandemia provocada por el coronavirus representa un reto para los docentes de todos los niveles educativos. Este desafío requiere el desarrollo de nuevas habilidades, además de adaptación y experimentación constante para cumplir con los objetivos de los estudiantes. La propia UNESCO se ha pronunciado a tal efecto, e incluso ha emitido un comunicado ofreciendo a la comunidad educativa internacional un listado de herramientas tecnológicas y plataformas a distancia que pudieran contribuir a que el impacto en el mundo educativo y en la evolución escolar del alumnado, fundamentalmente en las etapas obligatorias, sea lo menos negativo posible, lo cual conlleva una necesaria comprensión más amplia de los procesos de enseñanza.
El inesperado cierre de planteles educativos impuso, de la noche a la mañana, un reto para personal no académico de escuelas y universidades. El teletrabajo y el entorno laboral en familia son características de este nuevo desafío en aislamiento. En estos momentos hay que priorizar la salud, por eso ahora vamos a ver todo lo que podemos realizar sin contar con ese valiosísimo y fundamental espacio que constituye la escuela. Ámbito que quizá, lo más valioso que se tenga, es la posibilidad de socializar por fuera del ámbito familiar. La institución escolar es donde realmente ocurren los auténticos aprendizajes a partir de la socialización entre pares y con adultos ajenos a la familia.
En este momento las docentes se encuentran ante el desafío de tener que dar clases de manera virtual e implementar distintos recursos para llegar a sus alumnos, que ahora no tienen en el aula si no a distancia. Esto sucede mientras muchas veces están rodeadas por sus propios niños, niñas y adolescentes que no siempre entienden y que también hay que ayudarlos para que comprendan y aprendan que hay momentos y espacios para trabajar y otros para estar juntos y disfrutar en familia.
Las/los docentes han sido formados en un esquema tradicional en el que las nuevas tecnologías apenas aparecen como un recurso de enseñanza. Esto es quizás porque la escuela es una de las instituciones sociales más conservadoras que existen, tal vez porque fundacionalmente fue una institución que debió ocuparse de conservar y garantizar la transmisión de conocimiento de generación a generación. De ahí es que resulte ser tan conservadora y que le cueste tanto abrirse ante las nuevas tecnologías. La epidemia de la Gripe A produjo un fuerte impacto en el sistema educativo y permitió, de una u otra manera, que las TIC accedieran a los intramuros de la escuela. Las TIC constituyen una novedad en la cultura planetaria, que marcó un antes y un después, casi comparable a la llegada de la imprenta. Entonces, la institución escolar no puede permanecer ajena y, en algún momento, quizá en una instancia tan crítica como ahora, los muros de la escuela tienen que hacerle lugar y darles la bienvenida a las tecnologías informáticas de la comunicación. Sus docentes tendrán que iniciar procesos de aprendizaje de las nuevas tecnologías para poder hacer uso de ellas en todos los procesos de enseñanza. Esto hasta que no podamos retornar al espacio tan valioso que ofrece la escuela, que es insustituible, pero que en este momento hay que preservar la vida. Eso está primero.
Estrategias de afrontamiento ante esta situación de parte de la escuela
Ni el colectivo docente ni su formación pueden resolver las desigualdades de conectividad ni de acceso igualitario a las tecnologías digitales. Sin embargo, la formación docente constituye un componente clave del sistema educativo precisamente por la capacidad de este colectivo de trabajo de hacer posible una educación más justa, más igualitaria, más inclusiva. La importancia de la solidaridad y cooperación de la comunidad organizada es clave para hacerle frente a estos desafíos que nos presenta la pandemia.
La escuela entonces se encuentra con la responsabilidad de generar una comunicación inicial a las familias y/o a las y los estudiantes:
• La necesidad de mantener los edificios de las escuelas cerrados y el distanciamiento social: informar las actualizaciones relacionadas con la pandemia y las decisiones emanadas de la jurisdicción de plazos previstos de cuarentena, las recomendaciones de prevención para personas adultas, niñas, niños y adolescentes.
• El plan de trabajo o la programación educativa organizada por la escuela para la/s próxima/s semana/s. Es importante que se explique qué es lo que se espera de la familia para poder acompañar este tránsito de aprendizaje no presencial: aclarar que no se espera que se conviertan en docentes de sus hijas e hijos, sino que estén disponibles un rato por día para acompañarlos en la realización de las tareas y para escuchar sus inquietudes, preparar espacios y tiempos para las tareas, comunicarse con la escuela… Las personas adultas pueden turnarse; no es necesario que solo una persona ayude a una niña o niño.
• Las modalidades de comunicación entre las familias y la escuela (la dirección y las y los docentes). Informar que la familia recibirá comunicaciones de la escuela, pero también que la familia puede comunicarse con la escuela para compartir información sobre su hija o hijo: si puede seguir el ritmo de la tarea o tiene dificultades, si está animado, etcétera. El gobierno de Santa Fe Implementó el programa nacional Seguimos Educando, un portal educativo en Educ.ar con videos, libros digitales, juegos, secuencias didácticas, orientaciones a docentes y familias, que se complementa con la emisión de programas de televisión y radio y la distribución de millares de cuadernos impresos.
Lo más importante es tener cierto orden y organización en nuestras rutinas porque eso nos va a resguardar de una situación de confusión en donde la angustia aprovecha para ganar espacios. Hay que establecer franjas horarias para actividades diferentes como el colegio, el juego, la interacción con los adultos del entorno y actividades artísticas. El orden nos contiene. Hoy más que nunca, ante los desafíos que nos tocan, hay que armarse una pequeña rutina y agenda, pero por supuesto no tiene que ser rígida. Ese organigrama nos va ayudar mucho en estos tiempos, aunque fundamentalmente nos va a contener de la angustia que genera la desorganización, que provoca confusión y da lugar a los miedos. Estos a veces se apoderan de nosotros.
Sin dudas lo que digan los maestros y maestras a sus alumnos, de cualquiera de los niveles del sistema educativo, va ser replicado al interior de los hogares. Hay poder capitalizar el espacio escolar, en este caso a través de las nuevas tecnologías, en el que los docentes tienen un peso fundamental como ordenadores de la vida social, de la comunidad organizada que hablábamos antes. Debemos rescatar el valor de la palabra de los docentes para enseñar cuestiones fundamentales que hacen a la vida en estos tiempos de pandemia.
Se trata de entender el rol de la conducción como acompañamiento a la tarea que realizan los equipos docentes: disminuir el control y aumentar la disponibilidad para consultas y dudas, generar espacios que inviten a pensar juntos.
Salud mental de los docentes
Ante la situación de emergencia, cobran importancia la estabilidad emocional del equipo docente y su capacidad de adaptarse al cambio, así como el modo en que compatibiliza su situación personal con la laboral. Por lo inusual y la variabilidad del contexto de emergencia, será necesario que los directivos den un seguimiento más cercano para poder acompañar y orientar a sus equipos desarrollando una gestión de más proximidad para garantizar una respuesta acorde a la realidad de cada comunidad educativa.
UNICEF RECOMIENDA
1. Programar reuniones virtuales con las y los docentes para mantener una cercanía que permita reemplazar, de alguna manera, los encuentros que se producían en la cotidianeidad. No deben ser muy extensas y, preferiblemente, deben ser semanales. Se sugiere enviar la agenda de temas o tareas previamente (por mail o chat) para focalizar en los objetivos de cada encuentro. Adicionalmente, se debe incluir un tiempo inicial en el que las y los participantes se reencuentren, comenten y compartan cuestiones personales o laborales que crean importantes. Se sugiere al equipo directivo explicar y consensuar el seguimiento que realizará de los aspectos a considerar para la continuidad educativa: aprendizajes mínimos, salud y prevención, bienestar y protección de derechos, acompañamientos a niñas, niños y adolescentes más vulnerables, comunicaciones con las familias.
2. Análisis de las prácticas desarrolladas en el marco de la emergencia. El equipo de dirección debe orientar a las y los docentes sobre la necesidad de registrar las acciones que realizan para afrontar las situaciones de la emergencia, para su análisis e incorporación en nuevas propuestas. El análisis debe considerar los diferentes escenarios que encuentran en el territorio y las individualidades de las niñas, niños y adolescentes y sus familias. Deben retomar buenas prácticas; por ejemplo, identificar, dentro del plantel, a aquellas y aquellos docentes con más competencias digitales que puedan apoyar o capacitar a otras compañeras y otros compañeros del equipo.
3. Revisar las planificaciones para jerarquizar los aprendizajes mínimos para las próximas semanas. Compartir los documentos sobre aprendizajes mínimos delimitados por cada jurisdicción y acordar entre todas y todos estas prioridades.
4. Definir la organización del equipo docente y el resto de la comunidad educativa para hacer más efectivo el trabajo. Por un lado, se debe incluir la organización de los tiempos de trabajo y disponibilidad para la tarea, garantizando una carga horaria adecuada para el logro de lo previsto y evitando que sea mayor a la del horario escolar habitual. Es necesario escuchar y atender las posibilidades personales y familiares de las y los docentes, ya que muchos están con sus hijas e hijos en casa. Y, por otra parte, hay que proponer a docentes del mismo grado, área, materia la posible distribución de tareas para racionalizar esfuerzos. Por ejemplo, las maestras y los maestros de los terceros grados del turno mañana preparan la ejercitación de lengua, y las y los de la tarde, la de matemática.
¿Esto es suficiente? ¿Se piensa realmente con esto en la salud mental del docente?
La grandeza del profesor consiste en vivir con profunda satisfacción personal su nobilísima función específica. El profesor trata, ante todo, de transmitir a otro sus experiencias y saberes mediante una actividad que, lejos de ser seca o áspera, se desarrolla en el marco de una cálida sincronización con el alumnado, lo que apunta a la formación de su carácter. Formar e informar es la condición sine qua non de la misión del profesor.
Para cumplir con dignidad su augusta misión, el profesor ha de acumular previamente conocimientos suficientes mediante el estudio y la reflexión. Esta vertiente egotista de la docencia, polarizada en el enriquecimiento de la personalidad propia y en el marco de una labor de autoperfeccionamiento, culmina en la disposición altruista de compartir conocimientos, experiencias y elementos formativos con los educandos, los alumnos o los discípulos, sin pedir nada a cambio. La actividad docente es, pues, mixta: egotista y altruista, y suele asociarse con un sentido de autorrealización, en forma de lo que se entiende como una profesión, o sea, una ocupación laboral vivida como algo propio que se extiende a otras esferas de la vida, sobre todo el tiempo libre y el tiempo sociofamiliar.
Pero esta vocación ideal del profesor está atravesada, antes de la pandemia, por diferentes dificultades. Está expuesto a ciertas amenazas que ponen en riesgo su equilibrio psíquico: merma del prestigio social, sobrecarga de trabajo, cambio frecuente de asignaturas, comentarios críticos procedentes de los alumnos y los padres, conflictos interpersonales, etc. En circunstancias así, no sorprende que la salud mental del profesorado se quiebre.
La función propia del docente, el educador o el profesor impone una vida no solo sacrificada sino amenazada seriamente por riesgos para la salud mental. La acumulación de factores psicosociales negativos o desfavorables convierte a la docencia en una categoría socioprofesional de riesgo para la salud.
Los otros dos pilares básicos del trabajo –la remuneración y la estimación social–, muestran un cariz decididamente adverso en la profesión de la enseñanza. Una retribución escuálida o irrisoria, más que insuficiente, ha sido el pago recibido por el docente en sus diferentes niveles, a lo largo de los tiempos, siempre con una tendencia a la mejora a medida que avanza la modernidad, pero sin llegar a alcanzar un aumento de grado suficiente.
Con mayor énfasis en el nivel primario y a medio camino en el profesorado secundario, el bajo nivel de prestigio social del educador ha tenido escasas excepciones, comenzando por la falta de estimación del patrono, ya sea el Estado o la institución privada. A la imagen social desvalorizada del profesor se agregan, en la sociedad contemporánea, las críticas procedentes de los alumnos y sus padres. El profesorado, por antonomasia, se ejerce mediante una interacción personal educador / educando o profesor / alumno. Este contacto asiduo y directo con las personas beneficiarias del servicio es, en toda ocupación de este tipo, un factor estresante, que no permite siquiera tomarse un momento de respiro o relax, ni una pausa de relajación en el ámbito donde acontece la interacción.
Hoy asistimos a la rebelión en las aulas. No se escucha al profesor, sino que se le cuestiona, tomando como referencia segura el comentario del personaje mediático, la frase transmitida por la televisión o el dato detectado en internet, por parte de unos alumnos hostiles y unos padres acusadores. La masificación de las clases favorece la circulación de rumores ajenos a la materia enseñada entre el alumnado y la emisión de comentarios contra el docente y sus opiniones. A esta actitud protestataria antidocente de los alumnos se suman con fervor los padres y demás familiares de los alumnos. Los conflictos familiares unidos a la incapacidad educativa de los padres es hoy una aleación más frecuente que nunca, por encontrarnos en una época de crisis referida al tiempo a la pervivencia de la familia y a la interrelación entre individuos de distintas generaciones, sobre todo entre padres e hijos. La crisis familiar y generacional se transmite a los centros escolares de múltiples maneras. Una de ellas extrapola la función educacional familiar a las aulas como si fuera una obligación académica.
El horario sin límites, distribuido entre la labor preparatoria y la franja horaria de las clases, constituye la actividad docente habitual. De esta suerte, el profesor es muchas veces actor de una doble jornada, una desventaja con relación al profesor.
Los títulos de enfermedad mental más frecuentes en los profesores que en la población general adulta y en otros grupos testigos, o que en otras categorías socioprofesionales, son el síndrome de estrés, la enfermedad depresiva, las reacciones de ansiedad y los fenómenos fóbicos, los trastornos psicosomáticos, y la sintomatología paranoica o paranoide.
La reacción de ansiedad de los profesores está a flor de piel, presta a manifestarse ante cualquier contrariedad, frustración o sobreexigencia profesional que exceda del límite habitual. Tal ansiedad –medio reactiva y medio neurótica– se constituye a menudo como un síntoma nuclear de la neurosis de ansiedad o la neurosis histérica. En los profesores, la ansiedad neurótica tiene especial propensión a cristalizar en forma de fobias. La actitud supercrítica de los alumnos en el aula, reforzada con el apoyo tácito o manifiesto de los familiares, suele generar un sentimiento de temor o fobia a dar la clase, una figura fóbica que brillaba por su ausencia cuando la oscilación pendular de la interacción profesor / alumno se inclinaba por la autoridad del profesor.
Los trastornos somatomorfos complican con frecuencia el normal funcionamiento digestivo o cardiovascular de los profesores. Las dispepsias o la anomalía del tránsito intestinal están a la orden del día, lo mismo que las oscilaciones de la tensión arterial y la aceleración del pulso (taquicardia). Este conjunto de trastornos vegetativos se adscribe casi siempre, según los casos, a la ansiedad o la depresión.
El trastorno de la palabra en forma de afonía o disfonía suele reflejar una reacción de agotamiento muscular local, sobre la base de una laringitis o un pólipo de cuerdas vocales. La persistencia de una dificultad expresiva de este tipo carente de una justificación orgánica debe hacer sospechar la intervención de un mecanismo histérico.
¿Cómo se encuentra la salud mental de los docentes hoy en este contexto?
En el caso particular de los docentes, los cambios derivados de la distancia entre profesores, profesoras y estudiantes, ha llevado a modificar casi todas las rutinas que las clases presenciales permitían. En este caso, los docentes, además de llevar el peso personal y familiar que todos hemos debido enfrentar, deben gestionar el aprendizaje de sus estudiantes sin tener las condiciones mínimas aseguradas para eso, además de que una gran mayoría no dominaba las herramientas tecnológicas necesarias para la educación a distancia. Ya que lo que estamos viviendo no es enseñanza online, sino una enseñanza remota de emergencia. Una enseñanza online requiere planificación previa de al menos 6 meses, ya que, desde una perspectiva de aprendizaje basada en la interacción y no en la transmisión de información., se requiere no solo seleccionar ciertos contenidos, sino planificar el tipo de interacción que los estudiantes tendrán con otros y con el material propuesto. Se requiere planificar cuidadosamente el rol de los docentes y los estudiantes, las evaluaciones, la retroalimentación, la modalidad en la que se trabajará y rodo esto teniendo en cuenta el número de estudiantes por profesor.
La docencia en este periodo en contextos virtuales o remotos no se planificó con esa antelación y se realiza en condiciones de gran incertidumbre y en medio de una crisis. Los desafíos que esto plantea al rol docente exceden el dominio técnico de una herramienta.
En ese contexto se entiende que la carga emocional de los docentes les esté pasando la cuenta y su salud mental no se encuentre en las mejores condiciones. Frente a estas novedades, que vienen de la mano del coronavirus y la necesidad del aislamiento social, nos encontramos hacia el interior de los hogares con nuestras niñas, niños y adolescentes en situación de espera, en una posición de ver cómo los adultos le hacemos frente a esta novedad. Toda una situación de aprendizaje. De ahí es que a veces resulta medio dificultoso lograr que presten la atención que uno espera, en los tiempos y formas que se pensó.
Después están las variables emocionales y éticas. Ambas interactúan permanentemente, pero la primera construye conocimientos y la segunda está asociada al conocimiento, sin las cuales no constituyen auténticos aprendizajes significativos. Sin dudas, las nuevas tecnologías facilitan la llegada, incluso más que presencialmente, pero el tema de la mediación, la posibilidad de ayudar al otro a reflexionar, a analizar críticamente la información, a relacionar con experiencias pasadas y futuras, son variables que tienen que ver con la posibilidad de estar en el cara a cara que hoy resulta imposible.
Indicaron que la situación actual produjo un cambio abrupto en la modalidad de enseñanza-aprendizaje para muchos/as, por no tener el conocimiento necesario en cuanto a las Tics (Tecnologías de la Información y la Comunicación), o los medios económicos para acceder a los mismos, produciéndose una desigualdad y vulneración de los derechos, generando mayor malestar subjetivo, sumado a presiones y dificultades en los vínculos familiares. Así se ve amenazada la significación de la realidad en cuanto a qué, dónde, cómo se enseña y aprende. Los conceptos de tiempo y espacio se convirtieron en difusos e inciertos, sumado a la incertidumbre sobre el futuro, cómo seguir viviendo y educando en una realidad en la que nada será igual, se convierte en una preocupación constante.
En este contexto, debido a las condiciones estresógenas ambientales, la modificación de la tarea pedagógica y la presencia de desigualdad estructural, se complejiza la tarea de alumnos y docentes en sus actividades de acreditar conocimiento, evaluar y exigir.
En tiempos de pandemia, la Salud Mental es sumamente importante porque es el eslabón que permite la contención, el cuidado, el acompañamiento y la toma de decisiones, como también opera a favor de una persona saludable en su integridad. Desde la escuela se puede aportar en este período facilitando la mutua contención emocional, con mayor flexibilidad. Se observa que no están dadas las condiciones para continuar educando en la angustia, enfermedad y muerte que está viviendo la comunidad.
¿Cómo podemos proteger la salud mental?
1. Clave 1: Viva de acuerdo a su propósito
Conéctese con lo más esencial de ser docente: la relación con los estudiantes. Practique maneras de vincularse con ellos: escribirse correos electrónicos, enviarse mensajes de voz, participar de videollamadas; genere actividades para compartir y mantener el vínculo con sus estudiantes, como un proyecto de investigación en casa, la organización de foros grupales y otros encuentros que apoyados por la tecnología pueden aportar a mantenerle ligado a su
propósito de vida.
En un escenario de incertidumbre y de poco control acerca de los avances y aprendizajes de los niños y niñas, es importante evitar que inunde la frustración y los sentimientos de inseguridad. Para esto, sugerimos estar conscientes y aceptar que estamos viviendo un proceso diferente. La invitación es a ser flexibles y probar diferentes maneras para alcanzar nuestras metas u objetivos.
Clave 2: Recupere energía para su bienestar
Es recomendable realizar pausas activas durante el día, que ayuden a relajarse y volver a conectar con lo que se está haciendo. Algunas ideas podrían ser: baile entretenido, yoga, una película de humor, o tan solo tomar 5 minutos para mirar por la ventana y respirar profundo. Es importante no quedarse detenido en los obstáculos. Cuando te encuentres con uno, toma una pausa y vuelve a mirarlo desde otra perspectiva. Otra acción que entrega energía de largo aliento es generar momentos de calma; realice actividades de disfrute, que permitan que sus pensamientos descansen y releven emociones positivas.
De la misma manera, contribuye mantener horarios para dormir. Los procesos del cerebro que nos ayudan a aprender y recordar son especialmente activos mientras la persona duerme, por lo que se necesita dormir para pensar claramente, reaccionar rápido y asentar la memoria, entre otros muchos procesos que se activan al dormir y al lograr calidad de sueño. Dicho de otro modo, lo bien que se descanse y lo bien que se funcione al día siguiente dependerá del tiempo total que se haya dormido y cuánto de las diferentes etapas del sueño se haya tenido.
Así también existen acciones extractoras de la energía y que contaminan su bienestar en tiempos de crisis. Un ejemplo de esto es la intoxicación de información. La Organización Mundial de la Salud ha reconocido que la crisis actual está causando estrés público y una forma de reducir el impacto es evitar estar expuesto 24 horas al día a las noticias y datos. No hay que obsesionarse con el seguimiento de los datos, las tasas de infección y demás especulaciones que van y vienen sobre la pandemia. El desgaste o agotamiento emocional es algo que muchas personas pueden experimentar; por lo que se sugiere regular la exposición a la información. Sea realista y consuma información oficial dosificadamente.
De la misma manera sucede con el consumo excesivo de café, cigarro, pantalla y chateo permanente, resultan ser energizantes de corto aliento, además de causar efectos indeseables en la salud como tendinitis por inadecuada posición física; resecamiento de ojos y alteración del sueño por exposición permanente a pantallas; procesos y aumento de dependencia a drogas legales como cigarrillos y alcohol, entre otros.
Clave 3: Conduzca sus pensamientos y emociones
Se ha demostrado que las creencias que las personas tienen de sí mismas y de sus capacidades afectan profundamente la forma en que se enfrentan los desafíos de la vida; mentalidad de crecimiento o mentalidad fija.
Una mentalidad fija, estima que tiene cualidades intrínsecas, inamovibles y que no son cambiables; por lo que sí una persona estima que tiene solo un cierto nivel de inteligencia, una cierta personalidad y un determinado carácter moral, equivale a señalar que no podrá hacer mucho frente a los desafíos de la vida.
Por el contrario, la mentalidad de crecimiento coloca un punto de partida distinto al estimar que las cualidades básicas se pueden cultivar por medio del esfuerzo, diferentes estrategias y dedicación. Demostrado está que atendiendo a sus aptitudes e intereses las personas pueden cambiar ante estímulos que apunten al desarrollo de todas sus capacidades, con dedicación y estrategias de aprendizajes adecuadas. De ahí que frente a los desafíos una mentalidad de crecimiento tendrá siempre algo que hacer, partiendo por asumirlos.
La actual situación de pandemia está poniendo a prueba el tipo de mentalidad que cultiva cada cual. Aun cuando existen elementos de la situación actual que no se pueden alterar, existen variados aspectos que dependen de cada persona atender para transformar la cuarentena en momentos propicios para desarrollar el cerebro, a través del crecimiento personal, conexión social y laboral, como por ejemplo: el trabajo remoto, cursos y clases a distancia; talleres de manualidades online; cultivar nuevos conocimientos medioambientales para transformar los desperdicios orgánicos en aportes para la tierra, cultivar alimentos en espacios reducidos, entre otros.
Para ejercitar la mentalidad de crecimiento, responda a la pregunta: ¿Cómo aprovechar de mejor manera esta situación? Crea en sí mismo, en el potencial de cambio personal que posee y sea perseverante, practique permanentemente.
René Brown en su libro “El Poder de tu vulnerabilidad” acuñó el concepto del “nunca es suficiente” o la cultura de la escasez no es la abundancia. Señala: “creo que abundancia y escasez son dos lados de una misma moneda. Lo opuesto a escasez es la suficiencia, o lo que yo llamo vivir con todo el corazón (…) se trata fundamentalmente de vulnerabilidad sintiéndose valioso: es decir, enfrentar la incertidumbre, la exposición y los riesgos emocionales, sabiendo que soy suficiente”. Una verdadera aceptación implica poder decir “soy suficiente”. Estoy haciendo lo mejor posible, dadas mis circunstancias, dados los conocimientos que tengo y la información que manejo.
La autocompasión es sencillamente tratarse a sí mismo con bondad e indulgencia en los momentos de dolor, como un motor para la superación y salir de la precariedad a la abundancia en esta dicotomía que plantea Brown, que empuja a probar incesantemente, caminos nuevos para superar errores. Es una forma sana de enfrentar el fracaso que nos libera la energía que permite intentarlo de nuevo. Es una manera muy concreta de practicar el hábito de pensamiento optimista.
Se hace necesario considerar y prestar atención a las emociones: no intente negar o poner sobre las emociones un manto lógico sobre ellas con frases como: “tengo que concentrarme y controlarme o perderé la cabeza”. Las emociones dan sentido a todas las experiencias que realizamos, son un patrimonio de la biología humana y deben integrarse mediante la aceptación, para lograr un manejo de ellas.
A continuación, se sugieren algunas preguntas para practicar la conducción de las emociones:
Es importante focalizarse en el “aquí y ahora”, y no en lo que podría venir, ya que eso desestabiliza nuestro equilibrio psíquico, físico y emocional.
Clave 4: Cuide sus relaciones
La gratitud o la capacidad de ser agradecidos, es la capacidad de sentir y expresar aprecio por lo que has recibido en tu vida, ya sea por cosas específicas, actos concretos o por la contribución de otra persona. Implica tener una alta conciencia de todo lo que se ha recibido sin hacer mérito, atribuyéndolo a quien corresponde, ya sea una persona, la vida misma o a un Ser Superior.
A modo de ejercicio, al finalizar el día registre en un cuaderno algo por lo que esté agradecido. Invite a sus estudiantes a realizar este ejercicio también y proponga compartirlo, al inicio o al final de cada contacto que vaya teniendo con sus estudiantes. También puede ser una buena actividad para compartir en familia y con amigos.
Clave 5: Comenzar a trabajar la apertura al cambio
Reconocer que estamos viviendo una pandemia, y debido a esto debemos adaptarnos a las normativas de salud, a los cambios en las diferentes modalidades de enseñanza- aprendizaje, a los nuevos desafíos, etc.
Clave 6: Revisar y volver a establecer nuestras metas, objetivos y proyectos
Aceptar que los plazos fijados no serán los mismos y que debemos ser creativos, flexibles e innovadores para rediseñar el cumplimiento de nuestros objetivos.
Necesitamos fortalecer en los docentes y en los estudiantes la capacidad de tomar decisiones pedagógicas y curriculares en función de sus estudiantes, contextos, recursos, etc. Esto implica hacerse cargo de las desigualdades de acceso de los estudiantes y pensar soluciones creativas y viables para cada contexto. Las herramientas virtuales no funcionarán para todos, debemos buscar nuevas alternativas. Esto requiere de mayor flexibilidad y autonomía de las comunidades escolares.
Todas estas propuestas sobre cómo repensar la docencia y el trabajo docente en tiempos de pandemia, no son viables ni sostenibles si no revisamos los lineamientos institucionales y nacionales.
Saber educar ahora, en tiempos del virus, es importante, sí, pero también lo es que la comunidad educativa se sienta arropada y acompañada en el proceso. Ahora más que nunca.
“Nadie nace profesor o marcado para serlo. La gente se forma como educador permanentemente, en la práctica y la reflexión sobre la práctica”. Paulo Freire
Links utilizados para la elaboración del artículo
SEMANA FEDERAL DE FORMACIÓN DOCENTE PARA EL RETORNO A LA PRESENCIALIDAD. Ministerio de Educación.