Dra. CP ALICIA S. NEBBIA
El innovador, impulsor de su propio acto creativo, o de la implementación de las ideas de terceros, tiene un largo y arduo camino por andar, guiado fundamentalmente por su propia visión a veces inserta en su emocionalidad con mucha fuerza, a veces reparadora de ciertas carencias afectivas y otras, traductora de su tarea principal, que es la constante búsqueda de oportunidades en escenarios más o menos turbulentos insertos en el mundo global.
El innovador es casi siempre rechazado por sus pares y a veces por sus propios seres queridos en el momento de concebir y querer aplicar ideas totalmente renovadoras. Es el loco por excelencia creativa. Es el que se anima a pensar y a actuar distinto. Es el que cree en el cambio como proceso natural de la vida. Es el que se anima a proponer antes que otros. Es el que transforma su energía vital en productos de renovada naturaleza, sean estos primarios, secundarios o terciarios. Es el que maneja su propia plasticidad y logra adaptarse a las circunstancias más difíciles con tal de lograr su objetivo. Es proactivo, inquieto, transformador de situaciones adversas, no se deja vencer por el afuera y llega, en casos extremos, a jugarse por entero para ver su obra realizada. Es creación y acción. No mira hacia atrás ni se queda paralizado ante ninguna normativa.
Actualmente, el innovador opera en el caos, como si éste fuera un elemento natural del proceso creativo. Es capaz de superar sus propios miedos para encarar y realizar su propio proyecto. Se compromete consigo mismo por el resultado de hechos futuros, que reconoce como productores de buenos resultados a través de su propia visión. Puede convencer a otros y liderar el proyecto hasta el final. Si el resultado es positivo, ya está a esa altura comprometido con otro proyecto. Si es negativo, se baja del proyecto, lo usa como aprendizaje y sigue con otros superadores de los errores reconocidos. Desconoce la palabra fracaso. Sólo reconoce tropiezos y algunas leves caídas, que son propias de su actividad. Su éxito, más allá del resultado económico, implica seguir adelante buscando nuevas oportunidades. Significa seguir en marcha.
El innovador se convierte en emprendedor, cuando a todo este proceso, agrega la racionalización que proviene de sistematizar la factibilidad de ideas a través de una metodología que comprende:
El emprendedor sabe convivir con el riesgo. De su propia habilidad depende la moderación del mismo y los mecanismos de previsión y control para la correcta toma de decisiones. Su acción permanente proviene de un desarrollo constante de habilidades, acceso a la información, anticipación a los hechos, mejora continua, aceptación de los propios errores y capitalización de la experiencia.
El camino del innovador es una forma de asumir un rol en la sociedad que conduce a un continuo producir nuevas formas de riqueza, que se trasunta en oportunidades de negocios, empleo, aplicación de nuevas tecnologías, incorporación de nuevas técnicas, desafiar la turbulencia del contexto y posicionarse en un marco ético creador de valores que aseguren la credibilidad en sus continuos proyectos.
Animarse a andar este camino es UNA DECISIÓN DE VIDA.