Dr. CP Emilio Sánchez García
Este artículo tiene por objeto aclarar algunos dicho y asertos de los economistas referidos a los problemas crónicos de argentina: alto déficit fiscal, elevado gasto público, presión tributaria excesiva, y crónicos déficits externos.
Hoy vivimos el mundo de la pandemia y hasta tanto esto no se solucione desde el punto de vista médico, la cuestión económica ocupa un lugar secundario. Claro sin olvidar que, dadas las circunstancias de la economía argentina, el único recurso para poder subsistir y subsidiar a la población es emitir, donde en cierto modo se está armando una situación que puede o no llegar a ser explosiva cuando la economía entre en una cierta recuperación.
Las cuarentenas ampliadas establecidas por el gobierno, debidamente explicitadas y compartidas básicamente por todos los que tienen que gobernar un territorio, requiere el acuerdo de ambas partes, gobierno y comunidad, pero parece que ese acuerdo está finalizando y que en definitiva la economía y sus requerimientos se tiene que imponer, por supuesto con los recaudos de sean necesarios.
Estamos en junio del 2020 por lo que el horizonte de salida está un poco lejos si bien la antinomia salud economía, se está volcando en el epicentro del país ARBA AMBA, a favor de la economía, con algunos argumentos más referidos a situaciones de necesidad de trabajar de algunos sectores y la presión y angustia psicológica del encierro.
Es importante señalar que esta crisis mundial está dejando en todos lados retazos de sectores económicos, vulgo PBI; pero en el país además debe agregarse que viene de varios periodos recesivos, con alguna alternancia superavitaria muy pequeña, de un año electoral, con fuerte endeudamiento sin posibilidades de financiamiento, gracias a Dios, alta capacidad ociosa y en mi opinión destrucción parcialmente definitiva de muchas pymes, que de una u otra forma no abren más.
Deberíamos agregar la caída vertical de la oferta y demanda global, en todos sus sectores, internos y externos. Y además el ya sabido retroceso del PBI argentino y aumento de pobreza, que en el caso post pandemia es probable que llegue a un paroxismo.
No hay fórmulas mágicas para salir de ésto y entrar en un sendero de crecimiento estructuralmente sostenido, atento a que las condiciones se prestan para que algunos, viendo la alta capacidad ociosa, piensen en rápidas recuperaciones, que tal vez pueden darse, pero que nuestra reciente historia deja claro que no han constituido una solución final.
Hecho este encuadre vamos a visualizar algunos datos referidos a países desarrollados viejos o nuevos y otros de América Latina, más Australia y Canadá que constituyen para muchos el paradigma.
Adjunto en un anexo los cuadros estadísticos, y aclaro que deliberadamente he elegido países desarrollados viejos o nuevos, de Europa, USA, China y Japón por su importancia.
También he incluido Canadá y Australia porque son los ejemplos donde se citan para que adoptemos sus políticas económicas, y también porque históricamente se supone que debíamos haber crecido pari passu.
Brasil está incluido porque es nuestro gran socio, y porque en 1960 su economía tenía el tamaño de la nuestra y hoy es 4 ó 5 veces más grande.
Se puede decir que no se puede comparar países incomparables, pero estos países fueron elegidos por las circunstancias mencionadas precedentemente, y porque el objeto del trabajo es simplemente informar sobre indicadores que usualmente se utilizan para criticar nuestra situación. Gasto público elevado, déficits fiscales, déficits externos, endeudamiento y elevada presión fiscal junto con un laberinto de más de 160 impuestos, y señalando que ésta es la raíz de nuestros problemas. Mi hipótesis es que el tema es más complejo y no admite esas simplificaciones, si bien es cierto que muchas aseveraciones contienen verdades. O sea, quiero decir, que tenemos muchos indicadores parecidos a la mayoría de otros países, pero que en nuestro caso operan distinto. Un análisis más completo excede este trabajo y pienso que debería comparar economías latinoamericanas más Australia y Canadá.
Desde ya que todo esto tiene que ser ampliado para contemplar muchos aspectos que pueden explicitar la cuestiones, tales que USA es el país rector en el capitalismo, y único que tiene la máquina de fabricar moneda hasta el momento de referencia en el mundo. O que muchos países desarrollados tienen acceso al mundo financiero que es un Frankenstein hiperdesarrollado que más allá de algunas explosiones no se derrumba y sigue financiando gastos y déficits mediante emisiones puras y simples hasta el entramado de bonos, acciones, fondos o fideicomisos, compañías aseguradoras, evaluadoras de riesgo, etc.
La Argentina ha agotado las posibilidades de vivir endeudándose, llegó al límite, y también al límite de su estructura fiscal y de no poder o saber resolver los estrangulamientos externos. Por eso es un caso distinto, incluido algunos países de América Latina. Pero lamentablemente, muchas veces se utilizan comparaciones o afirmaciones que no son reales en el entorno mundial, o que en el mejor de los casos se hacen paralelismos inexactos. No he tomado en cuenta las cuestiones tributarias, que sin duda requieren en Argentina una reforma integral, pero es tema de otro trabajo.
En definitiva, el mensaje es que el país nuestro comparte las características de los examinados en déficits internos y externos y endeudamiento, en general, con alguna excepción.
Pero hay una diferencia, y es que hasta la debacle de la pandemia ellos marchaban, mejor o peor, y siempre más que nosotros que retrocedemos desde hace décadas, lo que obliga a examinar la economía argentina con más profundidad e integralidad en todos los aspectos incluidos los sociales, sociológicos, geográficos e históricos. Este repaso es simplemente un aporte ilustrativo de las economías comparadas y nada más.
























